Pa´ qué trabajo si hay limosna

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Empiezo por aclarar que, por convicción personal, no doy limosna y ni hago compra alguna dentro del transporte público. Considero que, aunque el derecho al trabajo debe ser garantizado, no puede darse sin reglamentación alguna, ni coadyuvando al desorden, la invasión al espacio público ni al detrimento del sistema de transporte, tan caído en desgracia por estos días.

Aclarado esto, a lo que vinimos…

Por: Daniel Contreras – @danielcbogota


Hace un par de semanas, mientras me transportaba en un articulado del Transmilenio, se subió en una estación un señor de mediana edad, cargando una canasta con bolsitas de maní, las cuales procedió a vender previo discurso breve respecto a que era su forma de trabajo. Vestía ropas humildes, pero en buen estado; se veía aseado y tenía una forma de hablar que, claramente, dejaba intuir algún nivel de educación. Es decir, si no se hubiese subido con la canasta de maní, difícilmente habría adivinado que es un vendedor ambulante.

A manera de pasar el tiempo me detuve a verlo trabajar y pude percatarme que dos personas le compraron maní. Luego de esto, el vendedor se bajó en la siguiente estación y –como es usual desde hace ya algún tiempo– se subió otro de inmediato.

En esta ocasión no era un vendedor, sino un joven de aproximadamente veinticinco años, con aspecto desagradable, ropa sucia y ademanes hostiles, que pedía limosna para, según él, darle de comer a sus hijos y su esposa. El hombre finalizó su charla con la consabida sentencia de que no le gustaba hacerle mal a nadie, así que prefería pedir. Como si hubiese proferido unas palabras mágicas, los pasajeros empezaron de inmediato a buscar monedas en sus bolsillos; no exagero si digo que más de diez personas le dieron limosna.

Debo confesar que esa escena me dejó bastante preocupado. No lograba entender por qué preferimos patrocinar la indigencia que el trabajo, así sea informal; sin embargo, el mensaje fue bastante claro: Es un buen negocio mendigar, más aún si se usa la lástima como herramienta productiva. Valdría la pena que cuando una persona de limosna se preguntara a dónde van a parar sus monedas ¿a una mesa con un plato de comida, o a una bicha de bazuco en una olla? Lo triste es que a la mayoría no le importa qué van a hacer con su dinero, porque según nos han enseñado “lo importante es ayudar”.

¡Graso error! Precisamente para ayudar debemos detenernos a analizar un poco más allá la situación. La limosna no siempre es sinónimo de ayuda, muchas veces es todo lo contrario y estamos hundiendo más a aquel que la está pidiendo. No digo que esta regla se aplique siempre, sólo que creo que culturalmente vemos esos gestos de ofrenda, como acciones buenas y considero que eso debería cambiar.

Ayudar económicamente a alguien debería ser un gesto que vaya unido a un gran sentido de responsabilidad. La idea, a final de cuentas, es procurar que esa persona esté mejor de lo que se encontraba antes de cruzarse con nosotros.

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2 comentarios en “Pa´ qué trabajo si hay limosna

  1. Reblogueó esto en Musaturay comentado:
    En este texto Daniel Contreras cuenta dos situaciones para exponer su punto de vista sobre el dar limosna. Yo agregaría que muchos se valen del discurso religioso para intimidar a las personas, para hacerlas sentir mal. Siempre que prometen la vida eterna, yo me pregunto lo mismo ¿Quién conoce la muerte como para preferir la vida eterna? o mejor dicho ¿Por qué están convencidos que la vida eterna es un premio?.

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